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Flotación: Por qué elegir bien el reactivo cambia el resultado

Foto del escritor: Fuerza Minera
Fuerza Minera
hace 4 horas
3 min de lectura

La definición de reactivos y condiciones de operación comienza en el laboratorio. Grupo Mathiesen destaca el valor de trabajar junto a metalurgistas e ingenierías desde las primeras pruebas para adaptar los insumos a las características reales de cada mineral.



En minería, buena parte del desempeño que una planta alcanzará durante su operación comienza a definirse mucho antes de la puesta en marcha. La etapa de laboratorio permite conocer cómo responde cada mineral, evaluar alternativas y evitar que decisiones tomadas demasiado rápido terminen traducidas en mayores consumos, recuperaciones por debajo de lo esperado o ajustes costosos una vez iniciada la producción.


“El acompañamiento técnico en laboratorio es, en rigor, la etapa donde se define buena parte del éxito o el fracaso de una operación años más tarde”, explica Ramiro Amago, Responsable Comercial de Grupo Mathiesen. Para el especialista, cada yacimiento presenta características propias y no existe un reactivo capaz de ofrecer el mismo desempeño frente a minerales diferentes.


Por eso, el trabajo del proveedor puede ir mucho más allá de ofrecer un producto disponible en catálogo. Grupo Mathiesen trabaja junto con laboratorios metalúrgicos y empresas de ingeniería, aportando su experiencia regional y la posibilidad de desarrollar insumos a medida según las necesidades específicas de cada proyecto.


“El rol del proveedor de insumos no debería limitarse a vender un producto de catálogo, sino a participar de ese proceso de prueba y error controlado, entendiendo la mena específica de cada cliente antes de proponer una solución”, sostiene Amago.


Tanque agitador, utilizado en el circuito de flotación cuando se debe controlar la temperatura durante una mezcla.
Tanque agitador, utilizado en el circuito de flotación cuando se debe controlar la temperatura durante una mezcla.

Gloria Vilaso Vega, Directora Técnica de Minería, y Myriam Olguin Catalano, Responsable Técnica de Minería de Grupo Mathiesen, explican que la selección de un reactivo también exige mirar el proceso de manera integral. La mineralogía, el comportamiento del agua, las condiciones de molienda y la interacción entre los diferentes productos pueden modificar significativamente el resultado final.


El objetivo no pasa solamente por encontrar una solución que funcione sobre una muestra puntual, sino por conseguir un esquema capaz de responder frente a la variabilidad que tendrá el mineral durante la operación.

  

“Antes de elegir un reactivo de flotación hay que evaluar cómo se comportará en todo el sistema, no solo sus propiedades como producto”, explica Gloria Vilaso Vega.


En ese proceso, la caracterización mineralógica permite comprender cómo se encuentran asociados los minerales y cuál es el grado de liberación necesario. Esa información resulta clave para definir una molienda adecuada y evitar extremos que pueden afectar tanto la recuperación como el consumo energético.


Las pruebas de flotación permiten luego evaluar distintas formulaciones y ajustar las dosificaciones buscando el equilibrio entre recuperación, calidad del concentrado y consumo de insumos. “Las pruebas metalúrgicas y el trabajo técnico previo convierten la operación de flotación en un proceso basado en datos y no en ensayo y error”, destaca Myriam Olguin Catalano.


El trabajo continúa posteriormente con el escalamiento y la validación en planta. Conocer cómo varía el mineral permite anticipar cambios en la alimentación y ajustar el esquema de reactivos antes de que esa variabilidad termine afectando la estabilidad del proceso.


Los tanques con agitación se utilizan en el circuito para mantener mezclas homogéneas de líquidos, suspensiones o lodos durante periodos prolongados, evitando que los componentes se separen, se sedimenten o se degraden.
Los tanques con agitación se utilizan en el circuito para mantener mezclas homogéneas de líquidos, suspensiones o lodos durante periodos prolongados, evitando que los componentes se separen, se sedimenten o se degraden.

Desde Grupo Mathiesen consideran que involucrarse desde las primeras etapas ofrece además la posibilidad de incorporar nuevas tecnologías y desarrollar productos específicamente adaptados a los desafíos de cada yacimiento.


“Acompañar al cliente desde el momento mismo del diseño de su proyecto es una ventaja muy grande”, afirma Amago. “La sinergia que brindamos estando presentes desde el comienzo no solamente se da por la capacidad de adaptar los procesos, sino también por nuestra capacidad de adaptar los insumos acomodándonos a los desafíos que la mineralogía del proyecto propone”, concluye el profesional.


En una industria que avanza hacia yacimientos cada vez más complejos, el laboratorio deja así de ser únicamente una instancia de prueba. Integrar tempranamente el conocimiento metalúrgico, la ingeniería y el desarrollo de insumos permite construir procesos más estables y aprovechar mejor las características particulares de cada mineral.

 

Fuente: Fuerza Minera.

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